Pág. 11 La Monja y el Traficante.

Los días se estaban haciendo intensos junto a Charles y no era precisamente por la pasión. Su estilo de vida y la forma de mantenerlo nos costaban la vida y es muy difícil hablar de felicidad cuando la tranquilidad es perturbada sin poder comprarse ni con todos los millones del mundo.

Charles siempre evadía mi curiosidad pero si el deseaba que yo siguiera a su lado al menos que me contara como fue qué empezó en toda mierda.

– Tengo la mitad de mi vida en esto que tu le llamas mierda, a la droga, sí a la maldita droga como le dices le debo lo que soy ahora! Tú no sabes lo que es pasar calamidades, tampoco sabes lo que es ver al hombre que le debes todo morir ante tus ojos por unos desgraciados.

Quedé sorprendida por la manera tan efusiva de contestarme, decidí no hacerle frente gracias a unas clases de yoga que estuve tomando hace unas semanas y mantengo mi energía canalizada.

-Discúlpame, es sólo que a veces siento que me acorralas y bombardeas con preguntas que no siempre estoy con la mejor disposición de responderte.

[Nota:  Música de fondo antes de empezar a leer, para acompañar la lectura.

Solo guardé silencio. Unas horas después se acerca, me besa el cuello, acaricia mi pelo y vuelve a susurrar que lo disculpe. Unos cuantos besos y Charles se aventuró a contarme como inició en el negocio.

-Una época estuve visitando Perú y luego de malgastar todo el dinero que tenia no me quedaba para regresar y empezé a buscar trabajo, pero estaban escasos. Trabajé en varios bares pero no duraba mucho tiempo. Una vez de excursión por la selva me extravié del grupo y unos hombres me encontraron y ofrecieron trabajo, como en esos momentos era un trotamundos y no contaba con piso fijo accedí. Los hombres que allí se encontraban y yo éramos contratados por los traficantes para el proceso básico de la coca, como era extranjero me contrataron ya que usualmente las personas que trabajan en esto no vienen de zonas donde se practique el “mambeo”. Pasábamos toda la noche pisando la hoja de coca hasta crear una pasta.

– Wao! Y eso llevaba un proceso muy largo?

-Agotador Lucia. Excavábamos fosas en la tierra cubiertas de plásticos, se le vertía abonos fosfóricos o portland y thiner junto con las hojas. Todo se ejecutaba en horas de la noche porque era más fácil controlar a la policía no vuelan el cielo de noche, la humedad del calor desaparece en la selva, parte de nuestro salario era en pasta para poder fumarlas y aguantar el arduo trabajo.

Luego en grandes tanques se le agregaba ácido sulfúrico y se ponía a secar al sol y luego se vendía.

Toda esta historia de Charles me dejó hambrienta, preparo un sándwich de mantequilla de maní con huevo frito y contemplo la marea, que por cierto está alta.

Enlace Pág. 12 http://wp.me/p3baOg-gU

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