Pág. 10 La Monja y el Traficante.

Charles me mostró toda la casa, rodeada de grandes arbustos pero lo mejor es que está en la playa, él sabe cuanto amo el olor del mar, el sonido de las olas y la sensación de sentir la arena acariciar mis pies, esto es el paraíso.

– Quiero casarme contigo y formalizar lo nuestro, recuperando el tiempo perdido. Al tiempo que besa mi frente.

– No hay cosa que desee más que eso, amor mío. Le dije.

– Necesito conocer nuestra hija, iremos mañana, tengo todo listo le he comprado algunas cosas.

Temprano en la mañana partimos rumbo a casa de mis padres y fue muy bonito volver al lugar donde nací y que mi hija forme parte de ese encanto me hace sentir relajada. Camila se comportó un poco extraña y era de esperarse pero luego fue aceptando a Charles. Mientras mi padre estaba de pesca, la niña entretenida con sus juguetes, Sandra, mi madre, nos explicaba que Camila necesita de nosotros y que ella solo es abuela no madre.

Charles, con su aspecto convencedor y responsabilidad que lo caracteriza habló con Sandra y ella nos dio un tiempo; Charles necesita poner unos asuntos en orden y nosotros necesitábamos pasar más tiempo junto como pareja antes de traer a Camila a la casa. Arreglado esto nos preparábamos para irnos y Camila no estaba en plan de despedirse de mi, se me partía el corazón dejar a mi pequeña en ese grado de desamparo pero era necesario, estaba en buen cuidado.

Ya hemos tomado carretera, splendor de M83 suena en las bocinas del auto, voy mirando por la ventana y pienso que Charles aún no me ha contado a lo que se dedicaba, pero no hacía falta, con mi imaginación bastaba. No pasó mucho tiempo cuando un auto nos perseguía, los nervios no se hicieron esperar andábamos sin seguridad porque al tonto de Charles se le ocurrió que quería privacidad y mira lo que ha pasado.

Ston, el jefe de seguridad como conoce a su jefe, se había quedado a unas cuantas cuadras de la casa de mis padres, cuando Charles trataba de comunicarse ya Ston estaba acercándose a nosotros y se escucharon unos disparos que impactaron el vidrio trasero, que por suerte eran blindados, el cielo amenazaba con llover y Charles se controlaba evitando hacer mayor mi desesperación.

Ston nos alcanzó y con una maniobra estaba detrás de nosotros y el concierto de disparos sonó al instante, Charles aceleró y los perdimos de vista.

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