Pág.09 La Monja y el Traficante.

…fue entonces cuando decidí dejar esa vida de siddharta y apostarlo todo con los ojos vendados en un hombre que estaba dispuesto a dar la vida por mi y Camila, sólo que no sé si  me acostumbraré a su nuevo estilo de vida. Al cerrarse  las puertas del convento una camioneta enorme me esperaba, creo que era una tahoe tunning, no sé con exactitud, no soy muy buena con las marcas de los autos, pero el brillo destellaba en mis ojos; nunca me gustaron las excentricidades de Charles.

– Era necesario? -Le dije.

– Mereces lo mejor y quiero que sepas lo importante y especial que eres para mi.

– Eso lo sé. Debe de existir alguna otra forma de demostrármelo, no cree? Charles fijó la mirada en el camino y su rostro se reflejó en el cristal y con una sonrisa de medio lado dice:

[Nota:  Música de fondo antes de seguir leyendo, para acompañar la lectura.

– Más vale que te acostumbres Lucia. Suspiré y me recline hacia atrás del asiento trasero, agotada por completo.

Cuando desperté me encontraba en una habitación de paredes blancas, ventanal enorme con una vista increíble del mar, cortinas de gasa color turquesa que pegaban al suelo, unas flores de narciso adornaban el tarro de la mesita de noche perfumando el aire y un olor a pescado frito hizo rugir mi estómago. Como Charles sabe lo desenfada  que suelo ser me vistió con una de sus camisetas, al verme sonrió y dijo:

– Te queda perfecta la pijama improvisada. Le respondí con un beso.

– Vas a desayunar? –  Preguntó Charles.

-Sí, tengo un apetito feroz.

-Aaah si ? Charles tenía esa mirada que ya conozco de cacería y me toma por las caderas, me acerca a su cuerpo y me susurra al oído:  – No sabes cuanto te extrañé. Mi estómago ruge, no estoy lista para una batalla naval en estos momentos, por lo que le di esa mirada de “empacar para comer luego”, me entendió enseguida, apartándose con esa sonrisa que tanto me encanta.

La comida estuvo riquísima, gracias. Le dije.

-Gracias a Mechi. Ven te la presento, ella es la que me ayuda con todo en la casa, se encarga de la limpieza, la comida y de todo lo que necesite. A partir de hoy está a tu disposición también.

-Para servirle señorita Lucia. Exclamó con mucho entusiasmo. Era una mujer de aspecto confiable y calmado.

Enlace Pág. 10 http://wp.me/p3baOg-g4

 

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