Mi “maldita” indignación

En esta ocasión no hablaré del destino y los amores, aprovecharé este espacio para extender la preocupación que me asedia desde que me levanté hoy. Entiendo las intenciones de impulsar la ciudad y no sé cuantas vainas más, pero lo están haciendo de la manera correcta? Porque a mi entender se estan cagando fuera del cajón.

Para mi no se estan analizando las repercusiones socioeconómicas que van a traer consigo el reubicamiento del “Merca SD”, no cuento con cifras exactas de las plazas habilitadas pero estoy más que segura que no darán abasto, entonces cómo diablos van a venir a hablarme de desarrollo? Pero claro, eso no es nada.

Mi preocupación radica, a dónde van a parar o de qué van a subsistir esas familias que se queden fuera de contratos cuando se les informe que no hay espacio para ellos, de qué van vivir miles de personas que se “josean” su comida y se benefician indirectamente de un mercado que puede ser reformado, reestructurado y capacitado sin afectar la vida de tantas familias.

Acaso no se ha pensado que cuando se vean sin trabajo, con un bebé con hambre, con un hijo que desea estudiar y no tiene desayuno o una madre enferma, que harán? Una de dos: seguir abarrotando las esquinas y semáforos de las arterias principales de la ciudad o tirarse a la calle a delinquir. Pero claro, eso no es nada porque no son los altos funcionarios lo que andan con el corazón amarra’o con una soguita para que no se salga del pecho.

Pero claro, eso no es nada porque no son ellos los que están preocupados porque tienen un hijo que salga a las 10:00 p.m de la universidad con posiblidades de no llegar a su casa. Pero claro, eso no es nada porque no son ellos los que tienen que salir a la calle con dos rosarios, una bíblia y andar rezando veinte padre nuestro, porque es con lo único que se sienten protegidos. Pero claro, eso no es nada porque desde el café caliente y comodidad de la oficina, el aire de la jeepeta y la plasma de su casa, el sufrimiento y temor de la gente que estamos fuera no se ve, se percibe diferente.

Duarte y todos esos patriotas lucharon al parecer en vano por una libertad que se vende y prostituye al mejor postor; lucharon en vano para sacar de nuestro territorio a un pueblo mal agradecido y desacreditador que con el mayor descaro nos ridiculiza, pisotea y mancha la solidaridad que una y mil veces se les brindó, ahora con el mayor cinismo rechazan nuestros embutidos, nuestros productos avícolas, jugos enlatados, grasas comestibles y hasta envases plásticos.

Entonces, tiene acaso Haití más o menor dignidad que nosotros? No. Aparte hay que soportar la invasión, la natalidad sin control y los crímenes impunes que cometen; no, no me hagan eso.

Pero a todo eso, queda la cuestionante ¿ Vale la pena seguir luchando y apostando por un sueño? Contra toda lógica la respuesta podría ser sí.

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