Pág. 04 La Monja y el Traficante.

 

El día de hoy amanecí con los ánimos y las ganas de buen humor, como no había nada que hacer en el convento sino hasta las tres de la tarde tomé la cámara fotográfica y el espejo era mi estudio, empezé a tirarme fotos con sombreros, haciendo muecas, en fin, hasta quedar dormida. Luego de rezar el rosario me dirigí al pueblo a recolectar material para las manualidades y de paso me quedaba en una que otra tienda de ropas de segunda mano, adoro ese tipo de compras, bueno adoraba, porque ahora mis prendas de vestir son limitadas, mientras observaba unos vestidos estampados se escucharon unos disparos y el alboroto en el mercadillo no se hizo esperar.

Todos corrian mientras que la policia perseguía a los supuestos delincuentes, de repente escuché una voz: “Señorita cuidado!!”, al tiempo que sentia  un cuerpo pesado  abalanzarse sobre mi y nos conducimos hacia un pequeño túnel, salvándome la vida. Íbamos corriendo muy de prisa, todo estaba totalmente oscuro y únicamente se escuchaba el murmullo de un escándalo, cuando nos estabamos acercando a la salida un charco de agua me sirvió de espejo para darme cuenta que había perdido el velo, fué entonces para mi sorpresa al levantar la mirada que vi como unos ojos azules me miraban fijamente como si hubieran visto un fantasma.

Enseguida reconocí el rostro, la voz, la mirada de aquel extraño que me habia salvado la vida, era Charles. Llevaba  pantalón negro holgado, camiseta blanca y gorra, cargaba consigo una pesada mochila y se le veía muy guapo, extremadamente guapo.

Quedé estupefacta, las piernas no encontraban su balance y no pude pronunciar palabra alguna, estaba fría como hielo y con los nervios en las nubes. En ese instante solo recordaba el último beso, la última vez que lo vi con vida, aquel fuego de esa noche y de como mis lágrimas rodaban por mis mejillas sin cesar.

Mis rodillas se flexionaron y fui a parar al suelo y Charles me abrazaba fuertemente y repetía una y otra vez que lo perdonara mientras me besaba la frente. Por mi parte olvidé quien era, en donde estaba y de lo que estaba tratando de olvidar, en ese momento me di cuenta que el corazón y la razón son dos cosas totalmente diferentes.

Enlace Pág. 05 http://wp.me/p3baOg-e2

¡Déjame tu comentario! Me encantará leerlo

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s