Pág. 01 – La Monja y el Traficante.

Siempre lo esperé, nunca me enamoré de nadie más, daba la vida por él, al parecer se olvidó de mi y de nuestra historia. Desde entonces decidí cerrar ese capitulo y unirme a las hermanas de la caridad; pensaba que de esa manera podía olvidar lo que viví a su lado. Dicen que tratar de encontrar la paz y vivir alejado trae serenidad a tu vida, pero no comparto esa teroría.

Como todas las mañanas el olor a té y el aroma de las flores, son las primeras señales de que aún estoy viva, mientras suenan las campanas aunciando la primera misa, me dirijo al pasillo del convento, solitario y frío, donde no pude controlar la lágrima que viaja por mi mejilla. Entonces, me cuestiono si es ésta la vida que realmente ando buscando, si mi vocación es entregar todo al señor o entregarlo todo por él.

Hace un año y cinco meses que estoy aquí, he adelgazado, mi pelo ha crecido y he aprendido a ser paciente. No ando en busca de una vida como Sidarta, pero estoy intentando ganarme un pedacito del cielo. Las hermanas dicen que desde que llegué me notan cansada y es que ellas no saben que por las noches no puedo dejar de pensar en él; y noches tan lluviosas como ésta inundan mis ojos al recordar a aquel muchacho de pelo castaño, piel tostada por el sol y ojos amendrados, tan azules como el mar. Recuerdos de nuestro primer beso, de nuestra primera noche juntos.

Tocaba opus 37 de dustin o’ halloran mientras yo escribía una carta a mi madre, en donde decía que la amaba, pero que mi vida era junto a Charles. Llevaba pantalón blanco que le entallaba perfectamente a la cadera y la playera que le había regalado en navidad, pelo húmedo, no llevaba calzado; su fragancia me embriagó esa noche, olía a él, a mi hombre.

Me tomó de la cintura y me condujo a una habitación con gran ventanal y cortinas azules, varios cuadros abstractos y sábanas de seda, todo olía a pino. Sus manos me devestían con paciencia, sus ojos estudiaban cada colina de mi pecho y sus labios exploraban cada frontera y cada rincón de mi cuerpo vírgen; y esa noche fué embriagadora, mágica, llena de deseos, miedos y llena de amor, hasta fundirnos en uno solo y perdernos en nuestro más dulce pecado.

Enlace Pág. 02 http://wp.me/p3baOg-af

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